
Antes de responder a la pregunta que encabeza este artículo muchos lectores estarán preguntándose qué es eso de la gestión microempresarial sanitaria.
Existe un corpus de conocimiento desarrollado durante miles de años dedicado al arte de identificar y coordinar recursos para lograr determinados objetivos. Durante los últimos cien años la ciencia del “management” ha evolucionado rápidamente alimentándose de otras áreas de conocimiento como la psicología, la sociología, la organización industrial o las tecnologías de la información.
Tradicionalmente la gestión se ha aplicado al gobierno de grandes organizaciones y estructuras empresariales. Sin embargo en los últimos años ha surgido un creciente interés por la aplicación de la ciencia del management en las pequeñas organizaciones o individuos autónomos en lo que se ha venido a denominar gestión microempresarial. Gran parte de este interés proviene de la extensión de los microcréditos como forma óptima de desarrollo económico en paises en vías de desarrollo. En un mundo cada día más incierto el futuro para algunos está en una economía basada en microempresas y profesionales autónomos que establezcan redes de colaboración dinámicas y flexibles.
Sin embargo hoy por hoy existe aún la tendencia de considerar la “gestión sanitaria” como algo exclusivo de grandes organizaciones. Pareciera que la gestión sanitaria fuese cosa de ” los gerentes”: profesionales de despacho alejados de la realidad de la práctica diaria, frecuentemente incomprendidos e incluso en ocasiones despreciados por los profesionales sanitarios que permanecen “en la trinchera” donde se lleva a cabo el “trabajo que de verdad importa”.
Al permanecer ajenos a todo lo que suene a “gerencia” los profesionales sanitarios renunciamos a la oportunidad de que nuestras valiosas experiencias se tengan en cuenta en las decisiones gerenciales. La organización se hace entonces ingobernable e ineficiente.
Por otra parte, al margen de las grandes instituciones sanitarias, la mayoría de los profesionales sanitarios somos o aspiramos a ser profesionales independientes. Médicos, odontólogos, podólogos, psicólogos, dietistas, farmaceúticos e incluso enfermeros se ven a sí mismos como trabajadores con amplia autonomía y capacidad de autogobierno. Este deseo de independencia y autonomía encuentra su expresión en el hecho de que la mayoría de la actividad sanitaria privada se realiza en pequeñas clínicas o consultas con menos de tres trabajadores.
Sin embargo el profesional sanitario independiente se ha interesado poco por las cuestiones relacionadas con la gestión de su pequeña consulta, preocupado más por las características técnicas de su trabajo. Como consecuencia muchos profesionales sanitarios no son capaces de sacar todo el rendimiento potencial a sus pequeñas clínicas.
Esta falta de interés por la gestión óptima de las consultas pone en peligro la propia independencia de los profesionales sanitarios. Empresas de mayor tamaño compiten con los profesionales autónomos y utilizando técnicas de gestión se imponen a las pequeñas clínicas. El profesional sanitario se convierte así en un trabajador asalariado sin capacidad de autogobierno real.
Los profesionales sanitarios trabajamos en pequeños equipos, incluso muchas veces de manera individual en nuestra consulta. Tanto en el sector privado como el público será de vital importancia aplicar las técnicas de gestión que nos permitan sacar el mayor rendimiento a nuestro trabajo diario y de esta forma asegurar nuestra autonomía profesional.